Tentación: Por la cuerda floja

Elévate por encima de la tentación

Una pregunta interesante es: ¿En qué ocasiones nos hemos adelantado a buscar una solución rápida, sin tener en cuenta el momento o la respuesta que Dios tiene para nosotros? La primera tentación que Jesús enfrentó en Mateo 4 (convertir las piedras en pan) ilustra una de las tentaciones más difíciles para los ministerios más prósperos.

Cuando se presentan esas «piedras» (tal vez un débil ministerio juvenil o un aumento de las solicitudes de ayuda/misericordia), y tenemos la influencia y recursos para convertir esos retos en «pan» (¡Vamos a comenzar un ministerio de deportes para los jóvenes! O ¡lancemos un ministerio para llevar despensa a los necesitados!) . Esto no es una tentación de «pecado” sino una tentación de actuar independientemente de Dios, siguiendo adelante sin el visto bueno divino.

En la segunda tentación que Jesús enfrentó vemos esto estrechamente relacionado. Vamos a
Mateo 4: 5-6: Entonces el diablo le llevó a la santa ciudad, y le puso sobre el pináculo del templo. «Si eres el Hijo de Dios», dijo, «tírate abajo. Porque está escrito:
«Él mandará a sus ángeles mandará acerca de ti, y ellos te llevarán en sus manos,
para que no tropieces con tu pie en piedra”

¿Captó usted eso? Ese es Satanás citando las Escrituras. Y esto ilustra una tentación que aparece todo el tiempo en las iglesias -la tentación de asumir que Dios va a actuar (acompañada de su tentación gemela de justificarse con las escrituras)

En la emoción de una nueva idea (ver ejemplo de arriba: vamos a lanzar nuestra propia propio ministerio de llevar despensas a los necesitados), es fácil convencerse de que la fe es una especie de poder cuantificable o fuerza. Y que si podemos tomar ventaja de ella o conseguir suficiente gente que la tenga, Dios no tendrá más remedio que actuar. Tendrá que bendecir nuestros esfuerzos. Tendrá que estar obligado a orquestar nuestro éxito.

Pero colocarte en la cuerda floja y pedirle a Dios que te rescate no es fe sino una atrevida suposición.

Satanás estaba tentando a Jesús a forzar la mano de Dios. Salta, él te tiene que salvar. Y es tan fácil para nosotros hacer exactamente lo mismo. Tal vez sea una compra de un bien inmobiliario ¡reclamado en el nombre de Jesús! -para el que no se cuenta con los recursos y sin manera de generar los fondos requeridos. ¡Pero tenemos fe! Es una astuta manera de probar a Dios. Disfrazando la situación como algún gran acto de fe.

Esta tentación voltea la fórmula al decidir el curso de acción primero y luego usar la «fe» para forzar la mano de Dios. Pero la fe debe llegar como respuesta a un llamado o mandato de Dios. Usted no salta primero y luego le llama a él. Saltamos porque él nos ha pedido que lo hagamos.

Entonces, ¿en dónde su ministerio ha saltado primero y luego consultado a Dios? ¿Dónde se ha extendido más allá del mismo llamado de Dios? He aquí una pista para ayudarle a responder a las preguntas anteriores: Si usted se haya a si mismo culpando a Dios diciendo cosas como. -Entonces ya Dios no me ama… ¿No se supone que hemos sido un ministerio fiel… y por años? – usted pudiera haber sido ya atraído por esta tentación.

noviembre 14, 2014

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